a Gustav y todo el resto de cabrones con nombre exótico September 10, 2008
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El café es amargo.
No hay azúcar el río ácido que concurre ante mis ojos.
Hay pies descalzos y zapatos cuya suela no creyeron jamás en la existencia de Jesús
(es decir que no caminaron sobre dicho río, y el agua se metió entre mis piernas).
Los trapeadores miran recelosos como perros los pies que invaden sus pisos,
hartos de repasar el halo de espejos tantas veces sobre el lodo.
Los techos son casi todos de cartón, y es que en estas condiciones
el agua suele tomar formas femeninas muy esbeltas, y colarse no sólo por los techos
sino que también logran penetrar por la puerta y mojar la cama con su saliva.
Es curioso mirar las corrientes urbanas, ya que la superficie muestra formas desconocidas
que podemos interpretar como insultos a nuestra madre,
o como tópicos inexplorados de nuestra existencia empapada.
(Es mejor mirar de esta forma las típicas gotas de aceite de auto que flotan en el agua).
Estas formas son abatidas finalmente por un automóvil que reconoció por vez primera
desde su fabricación su potestad de ser transatlántico, o en su defecto barco de pesca,
porque ya se ven modelos bastante anticuados flotando a velocidades casi imperceptibles
sobre la selva acuática que se desarrolla frondosamente sobre el asfalto.
Y mientas una señora con notable sobrepeso produce un sonido extraño
que proviene de su transatlántico modelo 2008, hay una auténtica fiesta
entre mis zapatos y mis pies.
Después de un duelo de miradas, la señora con notable sobrepeso comprendió
que joder a un poeta en pleno diluvio no es del todo pertinente,
y al notar que estuvo cerca de invocar al mismísimo demonio con tal pecado,
decidió aplastar su mirada y concentrarse en el abismal escote de su blusa.
Mientras ella se ajusta a su cita de lencería de emergencia,
hay diez peatones empapados buscando alguna figura extraña entre desconocidos,
que pueda retornarlos a tierra firme y sin la posibilidad de un viaje en crucero.
Quiero decir que por cada señora con notable sobrepeso viajando en una suburban
flotante 2008 hay 10 peatones que tienen que jugarse el pellejo esquivando charcos,
y prácticamente remar. Nuestra capacidad de adaptación nos convierte en auténticas canoas,
y poco a poco la piel se va impermeabilizando.
De seguir así en vez de hongos en los pies, mañana voy a ser poseedor de escamas,
o voy a contraer un resfriado de puta madre.
II
Creo que es preciso huir.
El río lentamente toma aires marítimos, y lo que antes era una banqueta,
hoy es un embarcadero manchado de salitre y marineros sin rumbo.
Desde altamar (que es más o menos donde están marcadas las líneas amarillas del tránsito)
llegan a las orillas todo tipo de algas sintéticas (botellas, papeles, restos de frituras).
Ven. Tengamos una caminata por la playa de cemento. Quizás hoy sí la luna
salga y nos entretenga entre pirotecnias y besos con horizontes no tan grises.
Es de esperarse que nos sentemos en el muelle a ver secar el río,
puedes reír, ríe por favor, tu sonrisa es como un café para el alma fría.
Deja que te muestre esta ciudad con la cara mojada.
Entre sudor y paredes etéreamente ácidas podrás ver que la cosa
no es tan mala después de todo, pero para verlo así hace falta que todos tengamos zapatos,
o el derecho de ahorrarnos plata para viajar en aquéllos transatlánticos de ojos cerrados.
Cuando menos instalar un sistema de drenaje digno para la caprichosa mujer caribeña,
que se acuesta con todos los vientos de nombre exótico que le tientan las piernas.
(Sólo te digo puta para que te enamores de mí y dejes de jodernos con tantas goteras).
Jajajajajaja… Versar el día a día es un gran don. Nos tocará a todos enamorar a la luvia a ver si nos perdona al menos un fin de semana.
El televisor, este televisor, de verdad que me da las imagenes distorsionadas que necesita mi subconsciente…
Saludos y abrazos desde Sadalsuud…
PD. Me re-invento…
YO TE AMO, YO TE IDOLATRO!
Muy bueno…
Saludos,
Franz Morrison
El Heraldo Escrotal
http://www.gacetacojonuda.wordpress.com